31/8/08

Informe y texto: Cristina Díaz Katzeli


Nikos Katzantzakis

Un 18 de Febrero de 1883 nacía en Kandía, isla de Creta (Grecia) Nikos Katzantzakis. Siendo un niño fue testigo involuntario de la guerra librada por sus compatriotas cretenses contra la opresión turca.
Este acontecimiento, así como sus protagonistas quedan tan gravados en su memoria que aparecen en sus novelas como fiel recuerdo de una etapa de su vida. Cual fantasmas que un día poblaron su niñez.
En su juventud estudió y se licenció en Derecho, en la Universidad de Atenas, y luego en París asistió a los cursos del gran filósofo y literato francés (Premio Nobel de Literatura 1927) Henry Bergson.
Bergson ejerció una influencia tan poderosa sobre la vida y obra de Katzantzakis que se podría equiparar a la ejercida por Fréderic Nietzsche. Su incesante búsqueda por hallar la verdad y el Bien para la humanidad fue realizada con tal fuerza y pasión, que lo llevó a realizar incesantes viajes.
Pasó una temporada de retiro en el Monte Athos, donde fue monje en uno de los veinte monasterios que allí se encuentran, gobernados por sus monjes desde el siglo X de la era común.
Katzantzakis fue ministro de su país; apasionado defensor y seguidor de Nieztsche, Buda, Lenin, Cristo. Viajó varias veces a Rusia impulsado por la admiración y el entusiasmo de lo que creía que sería el nuevo camino de la futura justicia para los hombres. Fue odiado y admirado con la misma intensidad por conservadores y revolucionarios.
Grecia utilizó todas las influencias posibles para conseguir que la Academia Sueca no le entregara el Premio Nobel de Literatura; hecho inconcebible para quienes aman la buena literatura, más allá de las ideologías políticas y mezquindades humanas.
En pocas palabras, Nikos Katzantzakis fue un revolucionario, un inconformista, algo que no fue poco para su tiempo; luchó incansablemente para descubrir su verdad, y en el ámbito literario, fue el mejor novelista griego de los últimos siglos.
Sus obras son fiel testimonio de uno de los mejores aportes de Grecia a la cultura contemporánea.
Katzantzakis pasó sus últimos años de vida en su residencia de la ciudad francesa de Antibes, a orillas del mar Mediterráneo, donde se dedicó sólo a escribir. Falleció en 1957 en Friburgo de Brisgonia, ciudad alemana, al pie de la Selva Negra.
Entre sus obras se destacan: “Alexis Zorba, el griego”; “Ascesis”; “Salvatores Dei”; “Carta a El Greco”; “Cristo de Nuevo crucificado”; “El pobre de Asís”; “Libertad o Muerte” ; “Lirio y Serpiente”; “Simposio”; “Alejandro el Grande”; “Buda” ; “España, dos rostros”; “El jardín de las rocas”.
En sus poemas (“Lirio y Serpiente” – 1906), en sus ensayos filosóficos y en sus dramas y novelas (“Alexis Zorba, el griego” – 1946; “Cristo de Nuevo crucificado” – 1954) empleó temas antiguos y populares para transmitir una sabiduría moderna y universal.

ALEXIS ZORBA, EL GRIEGO

Esta obra ha tenido un éxito sin precedentes, siendo traducida a más de 50 idiomas. Fue llevada al cine y protagonizada por el actor Anthony Quinn.
Nikos Katzantzakis conoció a Giorgos Zorba en el año 1917, al sur del Peloponeso, cuando explotaban una mina de lignito. Las tertulias nocturnas lo llevaron a conocer a este extravagante personaje, cuya profunda humanidad lo impresionó de tal forma que llegó a decir “Si yo quisiera distinguir a los hombres que han dejado una huella más profunda en mi alma, quizás me decidiera por Homero, Buda, Bergson, Nietzsche, y Zorba... Él me ha enseñado a amar la vida y a no temer a la muerte”.
Su amistad con Zorba se mantuvo toda la vida. Katzantzakis cambió el nombre de Giorgos por el de Alexis Zorba, y situó la acción en Creta. El famoso escritor definió a este hombre peculiar como “un maravilloso bebedor, comilón, trabajador, mujeriego y vagabundo. El alma más grande, el cuerpo más firme, el grito más libre que he conocido en toda mi vida”.

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